EMDR

Los acontecimientos traumáticos y las experiencias adversas de nuestra vida pueden quedar almacenados de forma disfuncional en la memoria y continuar influyendo en nuestras emociones, pensamientos, sensaciones y comportamientos. Desde el modelo del Procesamiento Adaptativo de la Información, en el que se fundamenta el EMDR, cuando determinadas experiencias no han podido procesarse adecuadamente, situaciones presentes pueden activar los recuerdos y las respuestas emocionales asociadas a ellas.

El EMDR (Eye Movement Desensitization and Reprocessing: Desensibilización y Reprocesamiento por los Movimientos Oculares), mediante una estimulación bilateral —con movimientos oculares, estimulación táctil (tapping) o sonidos—, facilita el reprocesamiento de estas experiencias perturbadoras, favoreciendo que puedan integrarse de una forma más adaptativa. Aunque todavía existe debate científico sobre los mecanismos exactos por los que actúa la estimulación bilateral, la eficacia del EMDR para el tratamiento del trastorno de estrés postraumático y de otros problemas relacionados con experiencias traumáticas está ampliamente respaldada por la investigación. La estimulación bilateral constituye así un elemento fundamental del protocolo EMDR y acompaña el reprocesamiento de los recuerdos perturbadores.

Una vez identificados los recuerdos traumáticos específicos relacionados con los síntomas actuales (la Terapia Regresiva puede facilitar la identificación de estos recuerdos y de las experiencias fuente a las que se encuentran vinculados), se recogen los elementos sensoriales, emocionales, cognitivos (pensamientos) y corporales vinculados a esos acontecimientos para trabajar sobre ellos mediante el reprocesamiento, hasta que el malestar asociado a la memoria disminuye de forma significativa. El objetivo es que el recuerdo pueda integrarse de una manera más adaptativa; no se trata de borrarlo ni de eliminar lo sucedido, sino de modificar la manera en que permanece almacenado y la respuesta que genera en el presente, de manera que pueda ser recordado sin provocar la misma respuesta emocional, cognitiva o corporal.

Posteriormente, se abordan los «disparadores presentes», es decir, aquellos hechos o situaciones actuales que activan los síntomas, para, finalmente, centrarse en el futuro, visualizándose afrontando las situaciones de una manera más adaptativa y desde una nueva creencia.

La desensibilización y la integración de los episodios traumáticos hacen que los recuerdos pierdan gran parte de su carga emocional negativa, dejando de generar las mismas respuestas automáticas y permitiendo alcanzar un cambio de perspectiva emocional, cognitiva y corporal. El objetivo final es que aquello que ocurrió pueda formar parte de nuestra historia sin continuar condicionando nuestra experiencia presente.

Como dice Jacques Roques: “El pasado no puede cambiarse, ni borrarse, pero, definitivamente, es posible dejar de sufrir por él”

¡Pasar página, en definitiva!