EMDR

Los acontecimientos traumáticos y las experiencias adversas de nuestra vida se almacenan disfuncionalmente en la memoria, y su falta de procesamiento es la que genera patologías.

El EMDR (Eye Movement Desensibilization and Reprocessing: Desensibilización y Reprocesamiento por los Movimientos Oculares), a través de una estimulación bilateral (con movimientos oculares, estimulación táctil -tapping-, o con sonidos) pone en marcha el sistema innato de procesamiento de información que tiene nuestro cerebro, para que la memoria traumática bloqueada sea procesada e integrada. La experiencia perturbadora pasa al hemisferio derecho y se transforma así de emotiva a cognitiva.

Una vez identificados los recuerdos traumáticos específicos que están conectados con nuestros síntomas actuales, lo que con Terapia Regresiva se logra con gran eficacia (pues con hipnosis llegamos también a recuerdos que no serían accesibles de otra forma), se recogen los elementos sensoriales, emocionales, cognitivos (pensamientos) y corporales asociados a esas experiencias para procesarlos, hasta que la perturbación asociada a esa memoria desaparece.

El movimiento ocular opera así como complemento a la regresión, accediendo al lugar físico donde está el impacto emocional (región cerebral de la amígdala), facilitando la conexión al trauma y acelerando la curación.

Posteriormente, se abordarían los “disparadores presentes”, que son aquellos hechos recientes que activan los síntomas, para, finalmente, centrarse en el futuro, visualizándose afrontando las situaciones con una nueva creencia adaptativa.

La desensibilización y el procesamiento de las experiencias traumáticas hacen que los recuerdos pierdan su carga emocional negativa, pasando a ser ordinarios, lográndose un auténtico cambio de perspectiva emocional, cognitiva y física.

Como dice Jacques Roques: “El pasado no puede cambiarse, ni borrarse, pero, definitivamente, es posible dejar de sufrir por él”

¡Pasar página, en definitiva!