La Terapia Regresiva busca acceder a la raíz de los traumas, a los momentos en los que se generaron esas fuerzas emocionales intensas, y a las circunstancias en las que estas crecieron y se reforzaron.
A través de una relajación profunda y de la recreación de un escenario arquetípico, la persona alcanza un estado de conciencia abierta que facilita el acceso a contenidos y experiencias que habitualmente permanecen fuera de la percepción cotidiana. En este estado se favorece una mayor conexión entre los procesos racionales y objetivos, y aquellos relacionados con la experiencia subjetiva, emocional y corporal, facilitando el diálogo entre la mente consciente y el inconsciente.
Si durante la vigilia predominan habitualmente las ondas cerebrales beta, en Terapia Regresiva buscamos favorecer un estado de mayor relajación, asociado a un incremento de la actividad de las ondas theta, relacionadas con la meditación, la creatividad y la imaginación. La persona mantiene la consciencia mientras se facilita una mayor libertad en la asociación de imágenes, recuerdos, emociones y sensaciones, permitiendo explorar contenidos emocionales profundos, acceder a los núcleos traumáticos y reconocer situaciones análogas que se han ido repitiendo, para poder abordarlos y procesarlos de forma consciente.
La emoción que nos provoca el síntoma o problema actual actúa como hilo conductor para recordar, reconocer e identificar las primeras experiencias significativas en las que se originó el daño emocional —los llamados recuerdos fuente—, así como los sucesos posteriores que pudieron reactivarlo y reforzarlo. Explorar estos acontecimientos permite reconocer no solo lo sucedido, sino también el impacto emocional que produjeron y la repercusión que tuvieron en nuestra manera de sentir, pensar y actuar.
Para liberar esa energía emocional atrapada no es suficiente con visualizar: es necesario, asimismo, vivenciar la experiencia y entrar en contacto con su carga emotiva, volviendo a sentirla a nivel físico, emocional y mental. Todo ello se realiza cuidando al mismo tiempo que la persona experimente un nivel de emoción tolerable para ella y permanezca dentro de su «ventana de tolerancia». Vivenciar la experiencia permite expresar y procesar las emociones retenidas, favoreciendo una comprensión más profunda de los patrones que se originaron a partir de ellas y de la forma en que se han ido reproduciendo a lo largo de nuestra vida.
Posteriormente, resulta recomendable realizar una reconstrucción de los episodios traumáticos que permita incorporar nuevas perspectivas y aprendizajes, favoreciendo la sustitución progresiva de hábitos y patrones nocivos antiguos por otros más saludables y adaptativos.
Asimismo, pueden utilizarse otras técnicas terapéuticas, como EMDR o Método SHEC, para trabajar sobre aquellos recuerdos y experiencias que han quedado procesados de forma disfuncional y que contribuyen a la aparición de los síntomas actuales, propiciando su reprocesamiento e integración.


