EMDR y terapia regresiva: disolviendo el cuerpo-dolor

Eckhart Tolle, ofrece en un capítulo de su libro Practicando el Poder del Ahora una enseñanza esencial: el trabajo con el Cuerpo-Dolor.

El dolor, señala Tolle, tiene dos niveles: el sufrimiento que creamos en el presente y el dolor del pasado que aún vive en nuestro cuerpo y nuestra mente (y que incluye en buena medida el que padecimos en la niñez). Este dolor acumulado crea un campo de energía negativa que constituye una entidad propia, invisible, el “cuerpo-dolor emocional”.

El cuerpo-dolor tiene dos estados: latente o activo. Tolle hace hincapié en que puede estar latente el 90% del tiempo, aunque para una persona muy infeliz puede llegar a estar activo el 100 por 100 de su tiempo. “Algunas personas viven casi totalmente a través de su cuerpo de dolor, mientras otras lo experimentan sólo en ciertas situaciones, como en las relaciones íntimas o en situaciones relacionadas con pérdidas o abandonos del pasado, dolores físicos o emocionales, etc. Cualquier cosa puede activarlo, pero resuena especialmente con los dolores del pasado. Cuando está preparado para despertar de su estado latente, un pensamiento o un comentario inocente hecho por alguien cercano a ti puede ser suficiente para activarlo.”

¿Y qué pautas propone el autor para disolverlo?: primero, buscar cualquier señal de infelicidad que indique el despertar del cuerpo-dolor, una irritación, una impaciencia, una tristeza, una ansiedad… así lo podremos atrapar en el momento en que despierta de su estado latente. A continuación, observarlo, ver cómo es, sentir su campo energético y centrar la atención en él. Ser el testigo u observador del cuerpo-dolor. Es entonces cuando la identificación se rompe: su supervivencia depende de que te identifiques inconscientemente con él y del miedo a afrontar el dolor que habita en tu interior, pero la atención directa y consciente corta el vínculo entre el cuerpo-dolor y el proceso de pensamiento, dando lugar a la transmutación. “Enfoca tu atención en lo que sientes dentro de ti. Identifica el cuerpo-dolor y acepta que está ahí. No pienses en él, no dejes que el sentimiento se convierta en pensamiento. No juzgues ni analices. No te fabriques una identidad con el dolor. Mantente presente y continúa siendo un observador de lo que ocurre dentro de ti. (…). Observa qué ocurre a continuación…”

El proceso que describe Tolle es aparentemente simple, él dice que puede enseñarse a un niño. Pero romper la identificación con el cuerpo-dolor requiere vencer muchas resistencias internas e incluso un miedo inconsciente a perder nuestra identidad. La Terapia Regresiva y el EMDR pueden ayudarnos enormemente en el proceso de ir disolviendo el dolor del pasado que habita en nosotros, y que se mantiene en el presente, y a potenciar ese estado de “testigo consciente”.

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